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Antonio Mora Vélez

Abogado, docente y directivo universitario, poeta, cuentista, novelista, ensayista y gestor cultural. Nació en Barranquilla el 14 de julio de 1942 pero vivió su niñez en Cartagena y Calamar y su adolescencia en Montería, ciudad a la que llegó a la temprana edad de 14 años y en la cual reside actualmente. Fue docente de Humanidades y Filosofía y directivo académico durante veinte años en la Universidad de Córdoba y directivo durante veinte años de la Corporación Universitaria del Caribe-CECAR de Sincelejo, institución de la cual es uno de sus fundadores. Es también miembro fundador del Parlamento Nacional de Escritores Colombianos, del cual fue su primer presidente honorario. Es considerado uno de los precursores y un clásico de la ciencia-ficción colombiana, el escritor colombiano del género que más libros de CF ha publicado y que más veces ha sido incluido en antologías internacionales.

Ha escrito los libros de cuentos Glitza (1979), El juicio de los dioses (1982), Lorna es una mujer (1986), Helados cibernéticos (2011) La gordita del Tropicana (2012) La duda de un ángel (2013) Atlán y Erva (2014) Lina es el nombre del azar (2014) Glitza y el hijo de las estrellas (2017) Balada del encuentro más allá del silencio (2018) y Glitza y otros cuentos escogidos (2020); los poemarios Los caminantes del cielo (1999) El fuego de los dioses (2001) Los jinetes del recuerdo (2015) y Los jeroglíficos del jardín (2019); las novelas:  A la hora de las golondrinas (2011) Los nuevos iniciados (2008, 2a edición 2014) y Viaje al Universo vecino (2016) y En la otra orilla del río (2018), y los libros de ensayos y artículos: Córdoba: 30 años de literatura (1992), Ciencia-Ficción: el humanismo de hoy (1996) La estrategia de la solidaridad (2006) y Qué es la ciencia-ficción (2018). Una selección de sus poemas traducidos al inglés por el poeta José Luis Hereyra fue publicada por la revista Alfa Eridiani de España con el título The riders of remembrance. Sus cuentos y poemas figuran en varias antologías nacionales y extranjeras, entre las cuales destacamos: Antología del cuento fantástico colombiano (Bogotá, 2007), Joyas de la Ciencia Ficción  (La Habana, 1989), Antología latinoamericana de Ciencia Ficción (Paris, 2008), Ficción y Realidad (Stuttgart, Alemania, 2015) y Tricentenario (Buenos Aires, Argentina, 2012). En LiterÁrea Fantástica de Argentina,  Mora Vélez aparece en la lista de escritores famosos de ciencia-ficción. Figura también en The Encyclopedia of Science-fiction de John Clute y Peter Nichols (Nueva York, 1995). 

Ha obtenido varios premios y distinciones. Su novela Un juez llamado Sebastián Reyes fue finalista en el concurso Plaza y Janés de  1991. Su cuento Error de apreciación ganó el concurso nacional de mini-cuentos patrocinado por la revista Ekuóreo de Cali en 1982. Su cuento Glitza ganó el premio de marzo del concurso nacional del Magazín Dominical de El Espectador de 1971.  Su cuento Yusti ganó el concurso internacional de cuento de Cf auspiciado por la Unión Hispanoamericana de Escritores (Lima, 2013). Su poema Los jinetes del recuerdo ganó el concurso internacional de poesía fantástica auspiciado por la revista española Minatura (2015). En agosto de 2014 el Parlamento Nacional de escritores le hizo entrega del Libro de Oro de las Letras colombianas como un reconocimiento a su obra y trayectoria literarias.

Su biografía y varios poemas suyos han sido incluidos en la Antología Mundial Poetas del Siglo XXI elaborada en España. Dos cuentos suyos son modelos literarios en los textos escolares Español Dinámico de 9° grado (1992) y Globo Mágico 5 (1985). Son conocidos sus ensayos literarios: El mar en la ciencia-ficciónFahrenheit 451: la novela de la libertad, 1984 y el poder despótico, La entropía y el hombre (sobre un cuento de Isaac Asimov), Ciencia-ficción: el humanismo de hoyDaína Chaviano y el humanismo de la CF latinoamericana, que aparece en la página web de la conocida escritora cubana; Arthur Clarke: la odisea del hombre y El humanismo de la Ciencia-ficción.

   De su obra se han ocupado varios críticos y escritores colombianos y del exterior: Para Otto Ricardo el poemario Los caminantes del cielo es “más que aporte, fundación de la poesía esotérica no confesional en Colombia”. Sobre el mismo poemario, Orlando Mejía Rivera ha dicho que en él su autor, al “fusionar con el tema de la cosmología a tres disciplinas o áreas del conocimiento: la mitología, la ciencia-ficción y la ciencia…ha renovado la temática de la poesía colombiana”. El poeta, profesor, crítico y traductor José Luis Hereyra dice de los versos de estos poemas que “son rigurosos y deslumbrantes”. Para Fabio Jurado, con el libro Lorna es una mujer, la ciencia-ficción de Mora Vélez “por su depuración literaria…alcanza un nivel de competencia literaria encomiable”. El director de la revista Alfa Eridiani de España, José Joaquín Ramos, lo califica como “un maestro del género”. Recientemente la crítica de la revista Amazing Stories, Tanya Tynjala ha dicho que “Glitza es el cuento de amor más hermoso que he leído”. Oscar Díaz-Ortiz, Phd y docente de la Universidad de Tennessee (USA) le escribió: “Este trabajo sobre su obra de ciencia ficción fue una inquietud que nació durante mis años de doctorado en Arizona State University hace como 14 años, y cuando surgió la propuesta de hacer un libro, lo propuse a usted como uno de los más importantes no sólo en Colombia sino en el continente”. Se refirió al libro Latin american Science Fiction writers editado en los Estados Unidos.

Actualmente es el Canciller del Parlamento Internacional de Escritores, miembro de la Sala de Fundadores de la CECAR, director de su Revista Institucional, director de la Revista Bocachico Letrado y fundador y coordinador de la Tertulia del mismo nombre.  

Reseña Libro

Glitza estaba sentada en su reclinomática, esperando las noticias del cosmódromo de Libia en el Sahara. Miraba ansiosa a cada instante el videófono, deseosa de contemplar las manos en alto de su amado, despidiéndose para siempre. Más que un torbellino, su cerebro era un tornado de emociones y de ideas. Por sus mejillas resbalaban lágrimas de angustia que se coloreaban con la luz multicolor alternada de la lámpara de noche de su sillón electromecánico. Habían transcurrido pocos minutos, quince tal vez, antes de que la pantalla se iluminara. Quince minutos, durante los cuales Glitza repasó la historia de sus relaciones con Vernon, desde cuando lo conoció en la sala de centrifugación de la Academia del Espacio, hasta el día en que él le pidió, delante de sus compañeros astronautas, con ocasión de la fiesta de grado justamente, que lo acompañara por el resto de su vida.

Recordó las sonrisas de los demás graduandos al escuchar la fórmula empleada por Vernon. “Quiero que seas mi compañera y que me acompañes siempre”. Y se sonrieron, porque ella no era astronauta, era doctora en Genética. Dos profesiones de áreas operativas diferentes, cuyo ejercicio no les iba a permitir mayor tiempo juntos. La regla general era que los matrimonios se concertaban entre parejas con profesiones iguales o complementarias.